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ene
06
2012
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 Publicado en Historia
 

Tras la sexta parte, continúa la traducción del capítulo del libro Tragedy and Hope, 1966 (Tragedia y Esperanza) del historiador estadounidense Carroll Quigley sobre la República y la Guerra Civil Española:

Capítulo 43: La tragedia española. (Cont.)

Mientras tanto, la rebelión fue un fracaso. La Armada se mantuvo leal, porque las tripulaciones derrocaron a sus oficiales, la fuerza aérea en general, se mantuvo leal; el ejército se sublevó, junto con gran parte de la policía, pero, excepto en zonas aisladas, estas unidades rebeldes fueron superaradas. A las primeras noticias de la revuelta, el pueblo, liderado por los sindicatos y las milicias de los partidos políticos obreros, exigieron armas. El gobierno se mostró reacio por miedo a la revolución de la izquierda, así como la derecha y lo retrasaron varios días. Dos gabinetes renunciaron el 18 de julio y 19 de julio antes que armar a la izquierda, pero un nuevo gabinete con José Giral estuvo dispuesto a hacerlo. Sin embargo, como les faltaban armas, se  hicieron inmediatamente pedidos a Francia. El gobierno reconocido en Madrid tenía el derecho de comprar armas en el extranjero y estaba incluso obligado a hacerlo hasta cierto punto por el tratado comercial existente con Francia.

Como resultado del fracaso de la revuelta, los generales se encontraron aislados en diferentes partes de España sin el apoyo popular masivo y sin el control de ninguna de las tres áreas industriales. Los rebeldes controlaban el extremo noroeste (Galicia y León), el norte (Navarra), y el sur (Andalucía occidental), así como Marruecos y las islas. Contaban con el apoyo ilimitado de Italia y Portugal, así como la simpatía ilimitada y el apoyo tentativo de Alemania. Sin embargo, la posición de los rebeldes era desesperada a finales de julio. El 25 de julio el embajador alemán informó a su gobierno que la rebelión no podría tener éxito ”a menos que algo inesperado sucediese.” El 25 de agosto el secretario interino de estado de las relaciones exteriores de Alemania, Hans Dieckhoff, escribió, ”no se espera que el Gobierno de Franco pueda resistir mucho tiempo, incluso después de éxitos evidentes, sin un apoyo a gran escala desde el exterior.

Mientras tanto, la ayuda italiana y portuguesa mantuvo a la rebelión en marcha. Los franceses y los británicos, cuyo único deseo en un primer momento era evitar un enfrentamiento abierto que surgiera del  suministro de armas y hombres a los lados opuestos en el conflicto por parte de las grandes potencias, estaban preparados para sacrificar los intereses de sus países para evitar esto. Impulsados ​​por sentimientos pacifistas, y el deseo de evitar la guerra a cualquier precio, el primer ministro francés Léon Blum y el ministro de relaciones exteriores francés, Yvon Delbos, sugirieron el 1 de agosto de 1936 que debía ser firmado un acuerdo de no in tervención en España por las potencias principales concernientes. Esta idea fue tomada con entusiasmo por Gran Bretaña y fue aceptada por el gobierno del Frente Popular de Francia, ya que tenían claro que si no había intervención, el gobierno español podría suprimir a los rebeldes. Gran Bretaña aceptó la oferta francesa inmediatamente, pero los esfuerzos para conseguir que Portugal, Italia, Alemania, y Rusia se adherieran al acuerdo fueron difíciles debido a las demoras presentadas por Portugal e Italia, los cuales estaban ayudando a los rebeldes. El 24 de agosto, las seis potencias llegarona a un acuerdo, y el 28 de agosto dicho acuerdo entró en vigor.

Los esfuerzos por establecer algún tipo de supervisión por parte del Comité de No Intervención o por fuerzas neutrales fueron rechazados por los rebeldes y por Portugal, mientras que Gran Bretaña se negó a permitir que se realizara ninguna restricción del envío de material de guerra a Portugal en el momento mismo en que estaba poniendo todo tipo de presión sobre Francia para restringir cualquier flujo de suministros a través de los Pirineos hacia el gobierno reconocido de España (30 de noviembre de 1936). Gran Bretaña también presionó a Portugal para detener la ayuda a los rebeldes, pero con poco éxito, ya que Portugal estaba decidida a ver una victoria de los rebeldes. Junto con Italia y Alemania, Portugal retrasó unirse al acuerdo de no intervención hasta que se decidió que un acuerdo de ese tipo dañaba más a las fuerzas leales que a los rebeldes. Incluso entonces, no había ninguna intención de ejercer el acuerdo o permitir las medidas para hacerlo cumplir, si tales acciones dificultaban a los rebeldes.

Por otra parte, Francia no hizo mucho para ayudar al gobierno de Madrid, mientras que Gran Bretaña le era positivamente hostil. Ambos gobiernos detuviernon todos los envíos de material de guerra a España a mediados de agosto. Por su insistencia en la aplicación de la no intervención en contra de los leales, al mismo tiempo que hacían caso omiso de las evasiones sistemáticas en gran escala del acuerdo en cuestión de suministros, Gran Bretaña no fue ni justa ni neutral, y se dedicó a violar el derecho internacional a gran escala. Gran Bretaña se negó a permitir que ninguna restricción se ejerciera sobre el material de guerra que iba a Portugal (a pesar de sus protestas a Portugal por reenviarlas a los rebeldes). Se negó a permitir a la armada española leal el bloqueo de los puertos marítimos controlados por los rebeldes, y tomó medidas inmediatas contra los esfuerzos del gobierno de Madrid de interferir con cualquier tipo de envíos de suministros a dichas zonas, mientras que los asaltos al por mayor de buques neutrales británicos y de otros que se dirigían hacia las zonas leales por parte de los rebeldes  atrajo poco más que débiles protestas de Gran Bretaña. En agosto de 1936, cuando un crucero leal interceptó un carguero británico que transportaba suministros a Marruecos, el crucero de batalla británico Repulse, con autorización para la acción, persiguió al crucero español. Por otro lado, la negativa británica a reconocer al gobierno rebelde, o concederle el estatus de beligerancia, colocó a estas fuerzas en la categoría de la piratería; sin embargo, Gran Bretaña no hizo casi nada cuando en un año (Junio ​​1937 hasta junio 1938) 10 buques británicos fueron hundidos, 10 fueron capturados y detenidos, 28 más fueron seriamente dañados y al menos otros 12 fueron dañados por los rebeldes, de un total de 140 barcos británicos que llegaron a España en ese año. A principios de 1937, Gran Bretaña estaba claramente buscando una victoria en los abastecimientos de combustible, y, en lugar de tratar de hacer cumplir la no intervención o proteger los derechos británicos en el mar, estaba apoyando activamente el bloqueo de los rebeldes a la España leal. Esto fue evidente cuando la marina británica después de mayo 1937 comenzó a interceptar a los barcos británicos que se dirigían a los puertos leales y con cualquier pretexto, o simplemente por la fuerza, los hizo ir a otro lugar, como Burdeos o Gibraltar. Estas tácticas fueron admitidas por el Primer Lord del Almirantazgo en la Cámara de los Comunes el 29 de junio de 1938.

(Continúa aquí.)

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2 comentarios. ¿Añades el tuyo?»

Gracias por enlazar aquí:

  1. Nuevo: La república y la guerra civil española como no te la habían contado antes (7) http://t.co/vQU2c2Z5

  2. ☠ José M Goig Campoy dice:

    Nuevo: La república y la guerra civil española como no te la habían contado antes (7) http://t.co/vQU2c2Z5

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