- DefÃneme un dragón, Lilian
La niña, trece años, cabellos calabaza y agudo ingenio respondió de inmediato:
- ¡Loren!
La maestra, bruja diplomada, experta en multitud de hechizos inútiles y algunos, bien pocos, útiles, ya estaba cansada,
- ¡Loren, Loren, Loren! Despide tu cabezita llena de burbujas de Loren, porque si no te aplicas ni te permitiré acercarte a él…
En ese instante sonó la trompeta del final de las clases y Llilian, con desparpajo, le mostró su lengua y se unió deprisa y corriendo al resto del alumnado, que en una algabardÃa ruidosa abandonó el centro de enseñanza de magia de ciclo medio.
Cuando no quedó un estudiante en la clase, un hombre mayor, corpulento y con larga barba, tal como mandan los cánones brujeriles, se acercó a la maestra.
- Parece que la niña es respondona.
- SÃ que lo es, maestro Egosum.
- Paciencia, paciencia… su destino ya está fijado.
- Eso parece…
Ajena al intercambio de pareceres sobre su futuro, Lilian entró en las dependencias de los establos dragoniles. En medio del no demasiado buen olor que desprenden esos bellos animales, considerados mitológicos por algunas culturas, se hallaba un dragoncito no mayor que un pony, de un color verde azulado y resoplador de humo. La niña se le acercó y, sin temor alguno, comenzó a acariciarle la crin. Luego, sus puntiagudas orejas, haciéndole cosquillas al parecer pues el dragoncete parecÃa sonreir feliz.
- Sólo si pudiéramos ser mayores y volar juntos…
Estela se despertó como cada mañana al sonido del despertador. Y como mandaba su cotidianidad, se dirigió a la habitación de sus dos hijos para despertarlos, ayudarles a vestir, darles luego el desayuno y acompañarlos a la parada del autobús del colegio. Seguidamente, hizo las compras del dÃa y se volvió a su casa. AllÃ, como desde hace un par de meses, su marido se dedicaba a leer los anuncios de empleo por internet. Y ella, como cada dÃa le preguntó:
- Pedro, ¿ha habido suerte hoy?
Y su marido, con rostro de cansancio, como le solÃa responder…
- No, los pocos correos de respuesta me rechazan amablemente.
Y Estela con su voz dulce le contestó:
- Tranquilo, verás como pronto cambia nuestra suerte.
- SÃ…
A lo que Estela añadió,
- ¿Sabes? Hoy he vuelto a soñar con dragones.
No sé qué hacÃa esta pasada noche despierto de las 00:36 a la 01:15, pero esto es lo que ha salido de mi bolÃgrafo sobre un folio en blanco por las dos caras. Es posible que sea el inicio de algo, o quizás mi inconstancia en la prosa me pueda. En todo caso aquà queda plasmado. Puede que haya más próximamente.
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