Y hace tres dÃas fue el cumpleaños de mi mujer Olga (aunque su edad es un secreto de estado).
Me parece asombroso que hayan pasado ya dos años desde aquel increible 25 de diciembre de 2005. El dÃa despertaba normalmente, y Olga se levantó antes que yo. Nada parecÃa presagiar lo que iba a ocurrir porque todavÃa faltaba un mes para los nueve meses de embarazo. Pero hacia las nueve y cuarto volvió a la habitación con fuertes dolores. Entonces, avisé a su madre, que vive en la habitación de al lado (sÃ, como los pisos son tan caros y no podemos ni comprar ni alquilar uno propio, lo compartimos con mi suegra. Espero que este año podamos “independizarnos”), y ante las fuertes quejas de Olga, me dijo en las pocas palabras que sabe en castellano (ella habla ruso) que llamara a una ambulancia. Y asÃ, nervioso, lo hice. Pero en el número de urgencias se negaron a enviarme una ambulancia con la excusa de que un parto no era nada importante y que llamara a un taxi. Asà que, me acabé de vestirme y salà corriendo a la calle. Pensad que era 25 de diciembre por la mañana, y ese dÃa en Barcelona la gente está durmiendo de las juergas que han celebrado la noche anterior (se ve que es una fiesta religiosa o algo asÃ). Por ello la calle estaba desierta. Entonces, me dije, me espero un par de minutos, y si no veo un taxi pues telefoneo uno. Pero, suerte, suerte, a la siguiente vez que el semáforo permitió el paso de vehÃculos, ¡allà habÃa un taxi libre!. Lo paré, y le dije que se esperara porque mi mujer estaba de parto y era una urgencia. Asà lo hizo mientras volvà al piso y, junto a su madre, ayudamos a bajar a Olga a la calle. Nos metimos Olga y yo en el taxi y nos dirigimos a la Maternitat de Barcelona. Las calles estaban desiertas y no habÃa ningún tipo de tráfico, pero el taxista se paraba en cada semáforo en rojo. Al llegar junto al Camp Nou (el estadio del F.C.Barcelona) y viendo que Olga se quejaba aún más le “sugerÔ al taxista que se saltara los semáforos ya y que tenÃamos “mucha prisa”. Al llegar al hospital, di 10 euros al taxista y no me esperé al cambio, entramos rápidamente a urgencias y al ver el estado de Olga, la enfermera salió corriendo y volvió con tres o cuatro enfermeras más. Rápidamente se la llevaron a la sala de partos, y me pidieron que me esperara en la sala de espera. Pasaron unos veinte minutos, en los cuales yo no sabÃa qué hacer, y hubiera estado más nervioso si hubiera sabido el peligro que estábamos sufriendo, porque de repente apareció un enfermero, un médico y… una incubadora. El médico me preguntó si yo era el padre del niño y cuál iba a ser su nombre. Le dije que sà y que su nombre era Alexandre. Entonces me pidió que los acompañara. Subimos al piso superior en el ascensor, y en el trayecto me explicó que habÃamos tenido mucha suerte, pues diez minutos más y Alexandre se habrÃa asfixiado dentro de Olga (imagina, maldito servicio 061 de urgencias que se negaron a enviarme una ambulancia). Llegamos a la sala de incubadoras y me advirtió que me recordara dónde colocábamos a mi hijo. Me quedé mirándolo unos instantes y allà estaba tan pequeñÃn con todo su cuerpo completo y tan guapo… Bueno, el caso es que tuvimos que esperarnos una semana para poder llevárnoslo a casa porque era prematuro… ¡y ya han pasado dos años!
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1 comentario. ¿Añades el tuyo?»
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